Y quería conocerte, ¡lo intente
varias veces! ¿Cuántos días, horas minutos?, ya perdí la cuenta. Perdí la
conciencia de mí mismo, me deje llevar, me entregue a la suerte, mientas tus
pasos y tu mirada se encontraban con los míos, una y otra vez, mientras esas
charlas interminables, esas conversaciones completaban los pedazos del puzzle
que nos separaba, así nos encontramos, en la infinita soledad de la cual se
compone la vida, nos descubrimos, para querernos, para amarnos, para soñar.
Mientras la tarde cae y el clima
frió, de esta ciudad única en el mundo, me permite abrazarte, cobijarte…
amarte.
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